La Carta de Verkiel

Mi nombre es Verkiel. Mi hermano se hacía llamar Tartys. Ambos éramos seres nacidos directamente de la luz y durante eones combatimos a los seres de la oscuridad. Sabíamos de antemano que nuestra guerra era interminable, pero jamás vimos más allá de la superficialidad de nuestra empresa: La oscuridad debía ser combatida activamente.

Las aventuras en las que nos encontramos son incontables y tratar de expresarlas sería una tarea vana, dado que, aún si pudiera terminar de escribirlas, dudo que alguien tenga tanta vida para terminar de leerlas. Y bajo este razonamiento debo de explicar al lector la razón por la que escribo esto: Mi hermano ha cesado de existir y yo renuncio a la responsabilidad que hace mucho tiempo mi querido hermano y yo nos impusimos en nosotros mismos.

Pero no es mi deseo que este preámbulo se extienda aún más, por lo que en seguida narraré la última aventura de Tartys:

Como dije, nos dedicábamos al combate contra la oscuridad y habíamos adquirido buena fama en esto. Constantemente recibíamos mensajes sobre nuevos brotes de seres o energía oscura, investigábamos y, si había suficiente evidencia de que se trataba de un fenómeno cuyo origen residía en la oscuridad misma, entonces actúabamos.

Debo mencionar que era muy común recibir información que, aunque los actos constaban de una enorme perversidad, realmente eran más fruto de la naturaleza de los seres conscientes, que de la oscuridad misma. Jamás fue nuestro objetivo quitar la responsabilidad de sus actos a los seres que habitan este mundo justificándolas por una influencia de las sombras y tampoco era nuestra misión resolver problemas que ellos se causaban a sí mismos; sobretodo porque, al ser nosotros seres con un inmenso poder comparado al de ellos, podríamos corromper sus vidas y quitarles su voluntad, aunque sea de manera involuntaria a nosotros.

La última información que recibimos fue sobre una serie de desaparaciones que ocurrieron en los alrededores de un lugar llamado las Planicies Verdaderas. El mensaje nos enlistaba nombres, razas, edades y géneros de las personas desaparecidas; esto nos ayudó a descartar a un posible asesino serial, debido a que no había un patrón en las desaparaciones. También el texto explicaba que aún en las búsquedas más exhaustivas no se habían encontrado pistas, ni restos de ninguna clase de aquellos desaparecidos. Esto nos puso en alerta: Los seres conscientes podrán ser muy limitados en poder, pero saben muy bien cómo investigar los crímenes de sus propias naturalezas, y el hecho de que no hubieran encontrado siquiera una pista nos dio un indicio de las sombras.

Sin pensarlo tanto partimos y llegamos enseguida a las Planicies. Tan solo llegar nos indicó que efectivamente había una presencia oscura en la zona y por la aprehensión en nuestros corazones tuvimos certeza de que el ser que moraba por el lugar no era ninguna broma: Era el ser de la oscuridad más poderoso que habíamos encontrado hasta entonces. Nos miramos, y así, sin hablar, nos comunicamos lo que ambos estábamos pensando: No iba a ser una tarea sencilla.

Nuestros corazones fueron brújulas: Allí a dónde sentíamos más el peso de la oscuridad era donde debíamos ir. Al final la opresión era casi intolerable pero supimos que habíamos llegado. Utilizamos varios poderes de la Escuela del Amanecer, cada vez más complejos, cada vez requerían más concentración y aún así la oscuridad se negaba a materializarse. Dudo que haya sido por cobardía, sino más bien para debilitarnos antes de enfrentarnos.

Después de varios días agotando nuestros recursos el ser se hizo presente, aunque decir eso sea inexacto, pues el ser era una masa aforme e intangible que nos rodeaba por completo. El sonido, la luz y el calor exterior cesó a nuestro al rededor y tan sólo era consciente de la oscuridad y de mi hermano. Entonces, una voz llegó directamente a mi espíritu:

-Mi nombre es Brikuroth y este es el último nombre que aprenderan, hijos de la luz.

Nuestros cuerpos se paralizaron, con la mente me comuniqué con Tartys y le recomendé que utilizara poderes de las Escuelas del Calor y de la Emanación. Irradíamos calor y luz de nuestros cuerpos y eso mantenía a raya a la oscuridad, pero tenía la certeza absoluta de que pereceríamos en aquellas circunstancias, la única variable era cuándo.

Pensaba en esto cuando de pronto sentí un flujo enorme de energía a mi interior. Aproveché ese poder para aumentar la intensidad del calor y de la luz y pude disipar a Brikuroth del ambiente. Expandí la luz a mi alrededor y aislé la sombra en un solo punto de un tamaño poco más pequeño que una copa. Traté de desvanecer su existencia pero resultó imposible. Mientras mayor era la concentración de las sombras mayor era el empuje contra la luz, por lo que nos hayábamos en tablas. De pronto se me ocurrió que la solución no sería desvanecerlo, sino encarcerarlo, por lo que me acerqué lentamente a Brikuroth, procurando no perder concentración, puse mi mano izquierda alrededor de la forma, haciendo apenas contacto con la piel de la palma de mi mano.

A continuación hice tres cosas: la primera fue investir la piel de mi brazo de la luz más poderosa que pude generar, disipé la luz de la palma de mi mano y dirigí la luz y el calor del ambiente hacia ella.

Sentí cómo las sombras iban entrando en mi cuerpo pues el frío se extendía en los dedos. Conforme iba entrando fui extrayendo la luz de mi extremidad para hacerle espacio a Brikuroth. Una vez dentro por completo, sellé la palma de mi mano con luz de la misma intensidad que de la piel de mi brazo, disipé la luz del ambiente e hice aún más fuerte el sello.

Una vez terminada la batalla caí de rodillas. Podía sentir la cantidad de poder inmensa en mi brazo: el frío glaciar en su interior y el calor inmenso en la superficie, pero el resto de mi cuerpo se hayaba muy débil. Me incorporé como pude, traté de encontrar a mi hermano en el campo de batalla para decirle que todo había terminado, pero no pude hayarlo.

Fue en ese momento que entendí muchas cosas: Mi hermano había dejado de existir, pero no solo eso. Fue su muerte la que me imbuyó de tanto poder y además me hizo comprender el equilibrio que debía existir entre la luz y la oscuridad.

Pasamos tanto tiempo combatiendo los seres de oscuridad que nosotros mismos fuimos la causa de la creación de un ser tan poderoso como Brikuroth. Disipamos una gran cantidad de sombras manejables que al final dimos lugar a una inmanejable. Y fue este mismo error el que cometió nuestro enemigo: Trató de engullir a los únicos dos seres de luz sin darse cuenta que era una tarea imposible. Tartys, mi querido hermano, se dio cuenta de esto y trató de darme una oportunidad de victoria perdiendo su voluntad de vivir, desvaneciéndose de la existencia, y así otorgarme el poder que él ostentaba.

Pero no trato de engañarme a mí mismo, no salí victorioso en la Batalla de las Planicies Verdaderas pues ahora me doy cuenta de que soy tan prisionero de Brikuroth como él lo es de mí. Ahora me doy cuenta de que la oscuridad no debió de haberse batallado activamente, sino debió de haber sido manejada, canalizada, mantenerla en equilibrio. Ahora me doy cuenta de que nos equivocamos al plantear nuestro objetivo en este mundo. Es por eso que en honor a mi amado hermano me he planteado uno nuevo: Otorgaré parte de mi poder a los seres conscientes de este mundo y me tomaré el tiempo de enseñarles las diferentes Escuelas de la Luz. Una vez concluída esta enseñanza iré a alguna parte remota de este planeta y utilizaré la más alta intensidad de luz y de calor para disipar a Brikuroth por todo el mundo de manera que no pueda retomar su individualidad y, acto seguido, disiparé mi propio poder de la misma manera, para que las sombras dispersas tengan un contrapeso y sea aún más difícil para Brikuroth materializarse.

Sé que esto no significará la inexistencia de esta Sombra tan poderosa y cargada de perversidad, así como estoy seguro de que mi consciencia seguirá vagando por este hermoso mundo que por tanto tiempo cuidamos y por tanto tiempo nos acogió como nuestro hogar. Ahora será el encargo de los seres de este mundo el tratar de mantener el equilibrio entre las fuerzas de la oscuridad y de la luz y confío plenamente en que lo lograrán.

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