El Testimonio de los Discípulos de la Luz

Después de la dispersión de Verkiel el mundo se introdujo en una época de pánico. No sabíamos las repercusiones de los actos del hermano de la Luz y, aunque nos había asegurado que su acción no tendría efecto alguno en la manera en la que vivíamos, más de uno comenzó a teorizar al respecto.

Alguno dijo que se aproximaba algo tan poderoso y oscuro que ni siquiera los mismos Hermanos de la Luz osaban hacerle frente y decidieron que era mejor marcharse. Otros no opinaban lo mismo, pero pensaban que Verkiel había tomado una decisión egoísta, o simplemente equivocada, al abandonarnos.

Como sea, tuvimos que aceptar lo que sucedió y pasaron algunos años de relativa paz. No tuvimos incidencia importante con la oscuridad y los discípulos de Verkiel se encargaron de ello de manera pronta, aunque quizá no de la manera en la que nosotros hubiéramos querido. Era claro que la oscuridad seguía ahí, pero la canalizaban, la encerraban, la dispersaban. No la desintegraban a como lo hacían Los Hermanos y ellos decían que era mejor así, que así evitaban el mal mayor.

Nosotros no entendíamos mucho de su propósito, pero aún así procuraban que nos sintiéramos seguros, nos reconfortaban con calor, curaban nuestras heridas, nos ayudaban en la enfermedad y nos consolaban en la muerte.

Los Discípulos de la Luz (a como se hacían llamar los practicantes de la Escuela de la Luz) trabajaban en grandes equipos para hacerle frente a las amenazas de la oscuridad. Evaluaban los riesgos con inteligencia y sabían muy bien cuándo retirarse. Trataban de minimizar lo más posible la pérdida de sus compañeros, tanto así que en lo que llevan de historia no han perdido a nadie en batalla.

En la primera ocasión que pude observarlos fue en Kaganytiara, mi pueblo natal, muy cerca de las Planicies Verdaderas. En esa ocasión, de repente, tuvimos un flujo de forasteros y animales que llegaban de los alrededores de nuestro pueblo. Los forasteros eran de razas y edades diversas, se negaban a hablar con los pobladores, tenían aspecto atontado y todos siempre se dirigían a una casa abandonada a las afueras de Kaganytiara.

Al principio concluímos que los forasteros iban en algún tipo de peregrinaje y usaban la casa como lugar de descanso, pero cuando el flujo de personas y animales comenzó a aumentar nos cuidamos de ser más observadores. Montamos guardias para seguir a los que ingresaban en la casa abandonada e inmediatamente nos dimos cuenta de algo: aquellos que entraban no volvían a salir. Ese mismo día nos agrupamos, nos armamos y fuimos a investigar.

El concenso general era que los forasteros formaban parte de alguna tribu del bosque que se estaba agrupando para invadir nuestro pueblo, pero al entrar en la casa nos sorprendimos: En su interior no había nada ni nadie, sin embargo pudimos notar que la estructura se encontraba en perfecto estado y muy limpia.

Anduvimos con cautela y buscamos en cada estancia. Al final nos encontramos con una habitación cerrada. Tratamos de forzar la cerradura, pero no cedió. Tratamos de derribar la puerta, pero ni el más puntiagudo de nuestro picos le hizo mella. Tratamos de quemarla, pero ni la más caliente de nuestras antorchas pudo ahumar la superficie. Buscamos en el exterior alguna ventana para acceder al cuarto cerrado pero, extrañamente, no pudimos encontrar alguna.

La situación estaba poniendo intranquilo a más de uno. Tratamos de contentarnos con echar un vistazo por la cerradura pero en su interior se veían una oscuridad absoluta. De pronto, se escuchó que la puerta principal se abría y vimos que entraba otro forastero, que caminando hacia nosotros, se puso enfrente de la puerta y esperó. La puerta se abrió dejando ver un vacío absoluto, una oscuridad más negra que la noche más oscura. De ella salieron incontables tentáculos que lenta, casi cariñosamente, envolvieron al forastero y lo introdujeron a la oscuridad, cerrando de nuevo la puerta tras de él.

Inmediatamente salimos del lugar y nos comunicamos con los Discípulos de la Luz. Pasó semana y media antes de que llegaran. Hacíamos patrullaje al rededor de la casa mientras tanto, pero no pudimos hacer nada por los forasteros que llegaban: Cualquier barricada, cualquier obstáculo, cualquier argumento, cualquier súplica eran ignorados completamente y eran engullidos uno tras otro por la oscuridad en la habitación.

Cuando llegaron los Discípulos apenas nos miraron, se adentraron en la casa y prohibieron la entrada a cualquier persona que no fuera autorizada. Pasaron días, de vez en cuando salían a pedir suministros, en algunas ocasiones miembros se iban y otros nuevos llegaban. Después de cuatro días los Discípulos salieron, parecían agotados, y nos reunieron a todos para hablarnos. Una mujer alta, blanca y de cabello absolutamente negro se dirigió a nosotros:

-Lo que vieron aquí fue un ente de la oscuridad. Estos entes carecen de voluntad, de consciencia. Se guían por un instinto animal. Este ser en específico parece que se sentía parte de su comunidad por lo que no dañaba a ningún habitante de este pueblo, pero ejercía su influencia más allá para alimentarse de la vida de otros seres. Confundía sus mentes para hacerles sentir que debían de estar aquí, que ese era su sentido de vivir, y así los atraía a su trampa mortal. Nos hemos encargado del asunto y hemos disipado al ente. Sin embargo, no puedo hacer hincapié lo suficiente en lo que voy a decir: Cada uno de ustedes corrió con muy buena suerte pues esto pudo haber sido mucho peor y, aunque entiendo que nadie de aquí es experto en las energías oscuras, los insto a que esta experiencia sirva para que de ahora en adelante actúen con más cautela y sepan leer sus propios sentimientos, pues de esta manera podrán identificar a la oscuridad.

Nadie habló. Todos permanecimos en absoluto silencio. Al ver que nadie iba a intervenir, la mujer que nos habló (que parecía ser la líder) miró a sus compañeros, asintió casi impercetiblemente y empezaron a caminar con la intención de irse.

Fue muy difícil para mi sacudirme la perplejidad de mi cerebro, pero cuando pude corrí tras ellos, me arrodillé ante la mujer y le supliqué me aceptara como aprendiz de los Discípulos de la Luz. La mujer me miró el rostro, entrecerró los ojos y tuve la impresión de que podía sentir la palpitación de mi corazón.

-Sí, puede ser...- se dijo más para sí misma-. Levántate humano Kaganytiarano, de ahora en adelante nos acompañarás. Ve a tu casa, recoge lo absolutamente necesario y regresa con nosotros. Nos espera un muy largo camino, así que no está de más que tomes algo y traigas un poco de alimento contigo.

Sin pensarlo dos veces me levanté y salí corriendo. Fue a partir de entonces que he sido un miembro de los Discípulos de la Luz, y aunque llevo años aprendiendo y luchando a lado de mis hermanos sé que aún me queda mucho por aprender y vivir.

Quizá el lector de este documento se inspire en los sentimientos que de mí surgieron al escuchar sobre los Discípulos de la Luz y la impresión que me causó conocerlos. Quizá con esto pueda dar Testimonio de sus actos y convencer poco a poco a todos los habitantes de nuestro mundo que los Discípulos están de nuestro lado, que luchan la misma batalla que nosotros, los seres conscientes. Quizá alguno de los que ahora leen esto tengan la voluntad de unirse a nosotros y, aunque no todos son aceptados, vale la pena el intento.

Quang Jenorim

Comentarios

  1. Hola Ro. ¡Aquí me tienes! Es un placer enorme ser tu primera seguidora. Dejo el link de mi blog por si alguien más quiere unirse.

    https://labibliotecadeday.blogspot.com/?m=1

    Saluditos ☺️

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